PÉSIMO SERVICIO EN URGENCIAS DEL
HOSPITAL COMUNITARIO DE JALAPA
México jamás saldrá del atraso en tanto existan personas que con un título en la mano pero careciendo de verdadera vocación, ejercen su profesión por necesidad y obligación más que por amor a su carrera.
Es el caso de muchos galenos que –no siendo la mayoría pues existen muchos que son excelentes médicos- atienden a la ciudadanía pésimamente, practican en ocasiones operaciones que han puesto en riesgo la vida de los pacientes o en su caso ocasionan la muerte de ellos; los hay también quienes no se equivocan en su diagnóstico ocasionando problemas mayores a los enfermos por negligencia.
Esto ocurre en el país y por supuesto, también en Tabasco. Pero no se puede culpar de ello al Secretario de Salud, Luis Felipe Graham Zapata, médico probo y de primer nivel quien se ha dedicado los últimos 4 años a tratar de mejorar el sistema en el Estado. La negligencia o mal servicio debe personalizarse, es decir, responsabilizar a aquel que no cumpla con las normas, ejerza indebidamente la profesión o dé una mala atención al ciudadano. No obstante, el Hospital Comunitario de Jalapa pertenece a la Secretaría de Salud.
El Presidente Municipal de Jalapa, Luis Francisco Deyá Oropeza ha hecho hasta lo imposible por dotar de equipo y mejorar las instalaciones del mismo. Por su parte; tan preocupado está el alcalde por la salud de la sociedad jalapaneca que abrió la Cruz Roja regional que ya brinda un excelente servicio a los ciudadanos.
El director del nosocomio, Ángel Cornelio Valencia también se ha preocupado por la atención pronta y de primer nivel a la población, hasta donde sus posibilidades se lo permiten (tampoco puede vigilar a cada empleado noche y día).
Pero -como ocurre en muchos lugares- existe ahí un médico que, careciendo justamente de esa pasión por la medicina, mal atiende a los pacientes, no los osculta debidamente, hace esperar por largo tiempo a los además enfermos y ni siquiera tiene a bien dar un diagnóstico concreto y real.
Es el caso del Dr. Pinto Sarracino quien ‘atiende’ a los pacientes en el área de Urgencias del Hospital Comunitario, mismo que de entrada no cuenta con algún encargado de recepcionar a los enfermos, los cuales deben esperar hasta que ‘buenamente’ el médico se digne a recibirlos en su consultorio.
Yo mismo fui testigo el pasado viernes cuando llevé a mi madre con síntomas de Dengue o Rotavirus (para estas alturas nunca lo sabré con exactitud), quien se encontraba verdaderamente mal; incluso ya tenía la boca blanca, no soportaba los fuertes dolores en el área del estómago, había tenido fiebre desde la noche pasada (la cual subía y bajaba), también tenía dolor de cabeza y ojos, con evacuaciones seguidas durante tres días.
El supuesto ‘diagnóstico’ del médico fue «una infeccioncilla» (me recordó cuando en el Seguro Popular de Villahermosa me diagnosticaron con gastritis en lugar de ¡peritonitis!) Resulta que esa ‘infeccioncilla en mi madre duró ¡cuatro días!. Para ser atendida por el doctor Pinto Sarracino, tuvimos que esperar tres cuartos de hora. Había una señora que llevaba ¡1 hora esperando con su hijo!, el cual tenía síntomas parecidos a los de mi querida «cabecita blanca», pero aún no padecía los efectos graves que ya tenía ella; eso sin mencionar la diferencia de edades (los jóvenes son más resistentes).
Al salir el paciente ¡tres cuartos de hora después!, entré de inmediato a un consultorio VACÍO. Entonces me aventuré a buscar al médico en turno por el largo pasillo que conducía a otras áreas… ¡y ahí venía el doctor Pinto!: con toda la parsimonia de un despreocupado, de quien no tiene pendientes y menos de emergencia, riéndose muy divertido y detrás de él, la enfermera (ella sí tuvo una atención profesional y amable de la cual él debería aprender).
Tras reclamarle su actitud y éste mostrarme altaneramente su gafete ante lo cual me identifiqué como es debido, pasó a mi madre a su área de trabajo, incluso antes que a dos pacientes por su gravedad.: estos eran, el muchacho con los mismos síntomas y una señora que sólo iba a tomarse la presión como requisito para unos documentos y por lo cual su hija –consciente de que el asunto de su mamá no era grave- se la llevó del lugar con mucha amabilidad: «aquí hay gente que verdaderamente tiene una urgencia como esa señora», le dijo la muchacha; «tu médico puede tomarte la presión en su consultorio, no hay prisa».
En tanto atendían a mi progenitora, algunas quejas me llegaron por parte de otros pacientes y familiares. Una de ellas era por era el clima, puesto en lo más bajo del congelamiento, el cual hubiera matado a un paciente con neumonía en ese instante, además de la filtración de agua al interior del área de Urgencias, entre otras cosas incluyendo la atención por parte del médico.
«Nos atienden mal porque no nos damos nuestro lugar y alzamos la voz», dijo una muchacha que había hospitalizado a su madre. Un hombre que la acompañaba asintió.
Por cierto, un doctor de nombre Freddy le negó hace poco –sin razón alguna- un pase a una señora de la ciudad con el cual le realizarían una tomografía de seno en el Hospital Juan Graham. Esta persona debe hacerse el chequeo año con año.
El resultado de la larga espera fue un diagnóstico a medias o incompleto, una inyección para quién sabe qué cosa que ni mi madre supo, una mala actitud del médico hacia ella, una receta que no fue especificada qué contenía y para qué eran esas medicinas requeridas, y un mal servicio en general que derivó en que aún hasta el otro día ella continuará en muy mal estado.
No es la primera vez que hemos tenido que lidiar con pésimos médicos. Desde que radicábamos en el Distrito Federal lo hemos padecido. Aquí hasta me causaron un paro respiratorio al infiltrarse agua en mis pulmones diagnosticando el cirujano que no iba a sobrevivir. Aquello ocurrió hace 3 o 4 años en el Hospital Juan Graham Casasús cuando me operaron de apendicitis; el hijo de una amiga cantante falleció por negligencia de unos pésimos doctores; en el Seguro Popular de Villahermosa también nos hemos topado en alguna ocasión con pseudo médicos. Y súmele los casos que en ocasiones hemos leído en los diarios.
Recalco que no es responsabilidad del Secretario de Salud estatal ni del director del Hospital Comunitario de Jalapa, la mala atención de unos cuantos ‘profesionales’ de la salud, pero ojalá tomen nota de esto para mejorar las deficiencias y así conseguir que el sistema estatal sea uno de los mejores del país.
LA NEGLIGENCIA DE SAPAET
Ya que hablamos de Jalapa, es oportuno jalarle las orejas a la directora de SAPAET, Clisceria Rodríguez Alvarado porque ya es continuo que el agua no llegue a las casas de la ciudad. Los ciudadanos deben soportar que a diario no llegue el vital líquido. El pésimo servicio ha causado problemas a las familias. Y es que la dependencia estatal debe limpiar las bombas de palos y basura tras las lluvias. ¡Pero hasta en días soleados ocurre! Dicen los ciudadanos que en otros años no ocurría. Algo está fallando y se tienen que tomar cartas en el asunto porque está creciendo la inconformidad.
DE SALIDA…
El Columnista de México, espacio nacional que escribe un servidor a través de Internet, no se realiza bajo petición ni gestión de nadie. No se redacta ‘sobre pedido’, pues. Lo que ahí se dice es basado en la verdad y por investigación, opinión y exposición propia de quien lo difunde. Que coincidamos muchos en un mismo tema es resultado de las misivas dirigidas al desprestigio contra quienes hemos sido ofendidos. Toda acción lleva una reacción. No es momento para las 4 partes restantes. Todo a su tiempo…
La Garrapata
Gabriel Fields
(elcolumnista_demexico@hotmail.com)